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domingo, 9 de abril de 2023

La famosa Semana Santa en la Mérida de otros tiempos

 


La celebración de la Semana Santa en Mérida, al menos entre mediados del siglo XIX y finales del XX, era impresionante e inolvidable para merideños o personas oriundas de otras regiones, por su solemnidad, fastuosidad y delicia de la gastronomía especial de esos días. Era frecuente la visita de personas y familias de otros lugares de la región andina a la ciudad serrana, solo para participar de tan imponente celebración y las actividades de distracción que acompañaban los días posteriores a la cuaresma.

Luis Ricardo Dávila y Rafael en Mesa y cocina en Mérida, afirman que los preparativos comenzaban con “bastante antelación (…) además de las ocupaciones materiales: escoger los trajes, acopiar materiales para componer los altares y hacer los arreglos de las procesiones, también había que prepararse espiritualmente para pasar el tiempo de penitencia con verdadero rigor: ayuno durante la Semana Santa, régimen de alimentación sin carne durante toda la Cuaresma, los ejercicios espirituales de San Ignacio, las grandes ceremonias en la Catedral, y las majestuosas procesiones que comenzaban desde el Domingo de Ramos y finalizaban con la Procesión de la Soledad el Viernes Santo”.

El escritor merideño Tulio Febres Cordero fue testigo y protagonista de estas magníficas celebraciones. En una de sus obras Archivo de Historia y Variedades, hace una descripción de ellas, en mirada retrospectiva, desde 1917.

“Los días por excelencia en la antigua Mérida eran sin duda los de la Semana Santa. Familias enteras hacían viaje expreso de otros lugares para visitar la melancólica ciudad de las nieves y las flores, por la pompa especial de sus actos religiosos, por sus muchos templos y por su severo aspecto de ciudad vetusta y caballeresca, donde las costumbres conservaban todavía el rancio sabor colonial, todo ello en medio de una naturaleza pródiga en frutos, paisajes y otros singulares encantos.”

“ Casi todas las familias principales tenían demasiado en qué ocuparse porque fuera de los ordinarios preparativos de trajes de gala y acopio de menesteres para bien vestir en tales días, era costumbre organizar, con la debida antelación, el mejor arreglo del paso o santo que les tocaba componer para las procesiones, distribución hecha de antaño, que venía a constituir una piadosa servidumbre en cada familia, pues pasaba el encargo de generación en generación; y en su buen desempeño ponían todos particular esmero, haciendo a veces gastos de mucha cuantía.”

“Ya desde el domingo de Ramos se veía llena la Catedral en las horas de ceremonia. (…) Pero la gran concurrencia a las procesiones empezaba el miércoles (…).

En cartas de sus amigos y familiares se deja ver el interés que generaba la Semana Mayor en quienes no estaban en la ciudad.

Julio Febres Cordero radicado en San Cristóbal, abril 18 de 1881 le pide “Descríbeme la Semana Santa de esa tierra (…) ¡Oh! ¡Qué jallacas las que tomarían! Tiemblo de susto al pensarlo y de sentimiento por no haber sido yo también protagonista de esas escenas”.

Rafael, un amigo, desde la misma ciudad en misiva del 22 de abril de ese año le dice  “creo demás felicitarte por la buena Semana Santa que creo hayas pasado; pero si lo hago especialmente por el Domingo de Ramos, día grande para ti, pues cumples con el deber que por un exceso de cristianismo te has impuesto, de ayudar a las Mas y “Rubíes” (…) las Mtro. Juanantonias, etc., etc., a vestir los santos en “El Espejo”. ¿Qué tal quedó este año el manto de la Virgen? ¡Ah!, gran jesuita, ¿hasta cuándo pones a los santos como testigos de tus coloquios amorosos?”.

Y su primo Alejandro Baptista Troconis, también viviendo en San Cristóbal, en carta del mismo día, mes y año le comenta “¡Esa Semana Santa! ¡Cómo se habrán quedado esos mozos al ver la suntuosidad de esas fiestas! De seguro que Pepe habrá dicho que ni en Caracas son tan buenas, porque es la verdad, ese recogimiento, ese no sé qué, de imponente que tienen las funciones religiosas en Mérida, no se conoce en Caracas. (…) Deseo algunos detalles sobre la función del Jueves Santo; eso debe haber sido una cosa rumbosa. No dejes de escribirme sobre el particular; quiero estar al corriente de lo que pasa en mi tierra.

Hice propósito de decirte algo sobre la Santa Semana de aquí, pero ¿para qué? Baste decirte que estuvo muy triste, y que reveló un espantoso atraso.”

También eran famosas las preparaciones culinarias que se planificaban y realizaban con antelación. De las preparaciones era costumbre los siete potajes del jueves santo, los ayunos, la asistencia a todos los actos religiosos y las confesiones. Se observaba la prohibición expresa de no cocinar, lavar, gritar, barrer, trabajar, etc.

 

Cartay, Rafael y Luis Ricardo Dávila. Mesa y Cocina en Mérida. Mérida, Venezuela:  Merenap, 1992.

Febres Cordero, Tulio. Archivo de Historia y Variedades. Bogotá: Editorial Antares LTDA, 1960. Tomo III.

Imagen: Catedral de Mérida antes de 1894 publicada en la revista El Cojo Ilustrado, 1894. 

sábado, 4 de noviembre de 2017

Biblioteca Febres Cordero 39 aniversario


Fueron muchos los estudiantes o profesionales, entre los cuales me cuento, que pasamos largos días e incluso meses, bajo los corredores de la vieja casona del Parque La Isla, hurgando en los papeles de Don Tulio, para extraer el dato o información que necesitábamos para nuestra investigación.
Cual más su tesis de pregrado o postgrado, cual menos un artículo o la tarea inmediata o quizás sólo la paz y el silencio necesario para estudiar; eran los motivos que impulsaban nuestros pasos a la vieja casona, suerte de repositorio de la memoria regional y nacional, donde se respiraba un hálito a sagrado templo de la sabiduría. 
Son recuerdos que pocos estudiantes, profesores o investigadores
olvidarán. Bastaba traspasar el umbral del portón para encontrarse en otro mundo. Bajo su techo y en sus amplios corredores, donde el viento y el frío convivían felices todo el año, estaban instaladas las mesas y sillas de pesada madera, donde pasábamos interminables horas, acompañados por el murmullo del viento al pasar por entre las hojas de los árboles cercanos, y que en ocasiones barría con nuestros papeles de la mesa, haciéndonos corretear por los corredores tras ellos. ¿Quiénes no recuerdan las esporádicas risas de los niños que jugaban en el parque, el canto de los pájaros, de los grillos, o el chirriar de una que otra chicharra anunciando lluvia bajo la modorra del mediodía?

Seguramente que una buena cantidad de profesionales recordarán las largas horas de estudio pasadas, sillita plegable incluida, en los pasillos de la vieja casona. La ocasional visita al  cafetín del Cidiat para tomar un tentempié y volver a enfrascarse en la repetición interminable de la lección de derecho romano, o la ocasional pausa para intercambiar información con el compañero que estudia más allá o la vecina de la otra mesa. Sin duda que una gran cantidad de abogados de los que hoy son litigantes, funcionarios del tribunal o políticos de oficio, pasaron sus buenos años, trasponiendo los espacios de la Biblioteca Febres Cordero, División de la Biblioteca Nacional en Mérida.
¿Cuántos investigadores, profesores universitarios, escritores y estudiantes deben la consecución de sus metas de estudio, llámese tarea, monografía, examen o tesis, al tesoro que dejó Don Tulio, a la generosidad de la sucesión Febres Cordero y al cuidado, organización y preservación de la Biblioteca Nacional?
Y cuando a la institución le tocó trasmutar espacios porque la solariega casona, pequeña y húmeda no podía seguir albergando la valiosa colección ¿Cuántas de esas personas siguieron a los queridos papeles de Tulio Febres a la calurosa sede del edificio El Fortín frente a la Plaza Bolívar donde se asentó desde 1995? 
El cambio no fue fácil, ni había comparación alguna entre ambos lugares. El nuevo edificio, suerte de caja de concreto, está pleno de otros elementos menos consustanciados con un consagrado templo al conocimiento: calor, ruidos atorrantes de bocinas, vallenatos, gritos, pitos de fiscales, vallenatos, voceadores de dulces, vallenatos, tambores de San Benito, vallenatos, etc. El frente de la institución ostenta un rostro igual, parecido o peor muy propio de los tiempos que corren y describir, en ciertas circunstancias, duele… angustia… decepciona… y sin embargo fue el mejor espacio que la ciudad y sus gobernantes encontraron para la biblioteca de Don Tulio. 

La Colección Febres Cordero agradecida se multiplicó en prestación de servicios, se tecnificó, engalanó sus espacios para atraer la mirada hacia sí y a su colección, produjo obras para incentivar su consulta mediante artículos, programas de radio, libros, calendarios y exposiciones; para continuar enamorando a la ciudad que la vió nacer, crecer, transformarse, madurar y evolucionar con su pesada herencia de seis siglos, y entonces uno se pregunta, en 39 años que cumple el 4 de noviembre de este año ¿Cuantos más habrá de sobrevivir teniendo en su contra hasta el cambio climático?  


lunes, 9 de octubre de 2017

Mérida en la mirada de poetas y escritores.

En homenaje a los 459 años de la fundación de Mérida, hemos preparado esta sencilla página, apenas una pequeña muestra, de versos y poemas que ha inspirado su paisaje, su ciudad o simplemente su númen a poetas y escritores, nacidos en su serrana tierra o venidos allende de sus montañas.

Venid, poetas, venid a Mérida! Aquí duermen el sueño de los siglos las altas montañas y los profundos valles; aquí los ríos y las fuentes bordan en plata el fecundo suelo y se cosechan azucenas y claveles a la par que el ponderado trigo.
                                                                          Tulio Febres Cordero

A través de toda la obra de los escritores de Mérida se nota la influencia de la zona. Usted sabe que esa influencia no se deja ver solo por nombrar a la ciudad sino que está en la médula de la obra (…) Si algo ayuda es precisamente el ambiente de extremada belleza de la ciudad que me entusiasma y me lleva a la literatura misma.
                                                                     Alfonzo Cuesta y Cuesta

Era la tarde del último día de diciembre. El cielo estaba límpido y Mérida, la hija de las montañas, con sus bellos campos adyacentes, se encontraba alumbrada por esos medios tonos de luz violácea reflejados por las nieves de la Sierra.
                                                                               José Ignacio Lares

Ciudad Caballeresca (…) Tu pasado tiene todo el sabor de la leyenda es un libro grandioso que ha heredado, a fuerza de triunfar en la contienda, el alma taciturna que acompaña a tu pueblo de nieves y de ascetas, que es orgullo inmortal de la montaña y eterna inspiración de los poetas.                                                            Eduardo Picón Lares
                                                                                                            
¡Oh, la belleza azul de mi montaña!
el Ande inmoble, de frontón severo.
la eucarística albura del nevero
que en altos oros, cenital se baña.
     Humberto Tejera



A Mérida

Mi ofrenda para ti será la esencia
que del alma se vierte ingenua y pura;
no me pidas la frágil existencia,
yo te daré la estrofa que perdura.
Raúl Chuecos Picón.                                
Con sus clásicas glorias la Sierra
en los patrios anales fulgura
como el limpio cristal de su nieve,
centelleante y grandiosa en la altura.
 Antonio Febres Cordero

Andes! Cimera henchida de vitalidad. Vivero de hombres que, en la placidez vegetativa de la provincia, se van formando – como dijo Sarmiento – “con las manos libres, la cabeza libre, el corazón libre, las alas libres”.
Juan Antonio Gonzalo Patrizzi

En la cima, pues, está Mérida, real y figuradamente: no puede esconderse, ni jamás podrá algo ni nadie eclipsarla. ¡Qué privilegios aseguran a la ciudad sus excepcionales posiciones, y cuán orgullosa puede estar de todo ello!
Pedro N. Tablante Garrido

(Mérida) ...tierra de óptimas virtudes, tierra de trabajo, de austeridad, de vida moderada, de palabra cumplida, de serena firmeza.
Armando Alarcón Fernández

Cuidad de Caballeros se te nombra de la nieve, del trigo, de las flores y los cirios pascuales. Ciudad para olvidarse de agravios y temores y recordar intensamente los florales años de juventud que en ti vivimos.
 Antonio Cortés Pérez

Tomado de: La Preciosa Mérida. Posadas y hotel. 4 Ruedas y un morral.
Ciudad

Dulce poema de piedra vieja y nueva,
arte fluido que corres en asfaltos
de trébol áspero y sangre metálica,
tu cuerpo de sal pálida en su engaste de brocado
pálida y sentada en una mano extendida.
Qué crepúsculos no se tiende en tu sexo.
Qué lluvia no destila tu melancolía.
los espectros temblorosos discurren por tus
parques envolviendo tus fuentes.
Alta ciudad de páramos
cerrada, secreta,
consentida.
Ramón Palomares

Para mí Mérida no es sólo una ciudad hermosa en la cual habito con deleite, Mérida es mi ciudad. Y cuando digo mi ciudad, no quiero decir propiedad y privilegio (…) quiero decir pertenencia.
                                                        José Manuel Briceño Guerrero

Mérida se levanta con la aurora bajo un dulce rumor de campanadas
pensando en Dios, en el obispo Lora
y en un vuelo de águilas nevadas.
Carlos César Rodríguez

Miro y siento que nunca más habré de recordarme
de mi origen ni de mis caminatas
por aquellas calles de Mérida.
                      Jesús Serra

¡Mérida! Oh serrana mía, pueblito capullo de mis recuerdos, que destejes con la bruma neblinosa y que mueres en cada cascada de tus ríos, que tanto le cantaron tus poetas. Mérida, que como una pepa de camándula pasas de mano en mano, dedo a dedo, con una sonrisa distraída.
Freddy Torres

Fuente:
Calendario de Escritores Merideños (2005-2013) Biblioteca Nacional-Biblioteca Febres Cordero, v. 7.
Imágenes: Archivo Fotográfico Biblioteca Nacional-Biblioteca Febres Cordero/Archivo Lampos Merideños/Google Imágenes.


sábado, 16 de septiembre de 2017

Mérida en 1916. Cultura y progreso

Aunque la ciudad mostraba un aspecto conventual y recoleto, Mérida contaba con elementos tecnológicos y de progreso en relación con otras ciudades del interior venezolano. No es verdad como suele decirse que haya apatía en Mérida (…) Lo que hay de cierto es que hasta ahora las altas montañas que nos rodean han opuesto barrera formidable al comercio y fácil comunicación con centros de mayor movimiento; (…) [pero] por lo que representa al carácter y a los dotes de sus hijos, Mérida puede aducir brillantes pruebas en contra de aquel juicio fundado en las apariencias,(1) Cultura heroica, dijo don Tulio. Hay que ver lo que significaba trasladar por esos caminos fragosos, a lomo de mulas, a rastras tiradas por bueyes o mulas y algunas veces a hombros, bultos pesados como la maquinaria para el alumbrado eléctrico, el órgano para la catedral en 1877 y los instrumentos de la primera banda traídos de París en 1877. 
Mérida ya había recibido la fotografía antes de 1867; establecido una línea telefónica entre Mérida y Ejido en 1891; alumbrado con luz eléctrica por primera vez en 1898, siendo la segunda ciudad en Venezuela de contar con una planta hidroeléctrica; igualmente proyectadas las primeras películas y escuchado conciertos con el fonógrafo; construido su primer acueducto en 1907, que surtía de agua corriente a algunas casas y para la mayoría de la población se surtía por medio de pilas o fuentes de agua, ubicadas en la plaza Bolívar y en el mercado público. 
Establecida en 1891 la primera oficina meteorológica por el rector
Caracciolo Parra y Olmedo y creada por decreto del ejecutivo federal del 14 de marzo de 1913, las Oficinas meteorológicas de Mérida, Ciudad Bolívar, Maracaibo y Calabozo. La de Mérida estuvo a cargo del señor Emilio Maldonado y en abril de 1916 fue trasladada a la Universidad de Los Andes y las observaciones comenzaron el día 24 del mismo mes, cuyos resultados eran transmitidos diariamente por telégrafo al Observatorio Nacional y publicados en La Gaceta Universitaria.
En las casas de la gente acomodada lucían pianos, alfombras, espejos, vajillas de finísima calidad, comprados directamente en Europa por los pudientes señores, a quienes agradaba visitar a París, Madrid o Londres, antes que a la capital de la República, muchas veces llegaban a Mérida los libros de Europa primero que a Caracas(2). Para 1914, antes de existir la carretera habían en Mérida 42 pianos, según estadística realizada por Tulio Febres Cordero.
Unos de los hechos más importantes y trascendentales en la historia de Mérida del primer cuarto del pasado siglo XX, fue la llegada de los primeros automóviles en 1916 y con ello el inicio de la construcción de la carretera Trasandina iniciada con la carretera de Mérida a Lagunillas. (Véase el escrito publicado en este blog con el título El Automóvil Prisionero).

Fuentes:
1. Tulio Febres Cordero. Obras Completas. 2da edición. San Cristóbal: Banco de Occidente, 1991. v. 3. p 376.
2.  Mario Briceño-Iragorry. Mérida la hermética. Mérida: Gobernación del Estado Mérida, 1997. p 253.
Periódicos consultados:
Cimas. Mérida, 1916.
Gaceta Universitaria. Mérida 1916.
Labores Juveniles. Mérida, 1916.
Los Andes. Mérida, 1916.
Imágenes: Archivo Fotográfico Biblioteca Febres Cordero/ Archivo Lampos Merideños.

sábado, 26 de agosto de 2017

Mérida en 1916. Arquitectura Urbana


La ciudad de Mérida para el cuarto quinquenio del siglo XX no se diferenciaba mucho de la ciudad de mediados del siglo XIX, se extendía desde la Plaza de Milla hasta, donde está hoy, el Parque Glorias Patrias, dividida en cuatro parroquias urbanas: Sagrario, Milla, Arias o Belén y El Llano. Contaba con ocho calles longitudinales (hoy llamadas avenidas) y veintitrés transversales, sus calles lucían aún la alfombra esmeraldina de la yerba, que tramaba los cantos del pavimento. Las aceras de flojos ladrillos mostraban el verdín de la humedad trasmitida por la niebla bajada con el atardecer.1 Sus casas edificadas de tapia y teja con anchos aleros, predominando en la construcción de las casas más espaciosas la forma interior del claustro, con patio hermoso, plantado de bellos arbustos y preciosisímas flores, con pavimentos de ladrillos.2 
Sobresalían unas pocas edificaciones construidas de estilo más moderno adornadas en su exterior, con bellas cornisas, como el Palacio Municipal construido en 1883; la casa de los Picón que le fue levantado el segundo piso en 1889; durante la primera década del siglo XX se construyeron dos casas dignas de mención, como lo apunta Tulio Febres Cordero en sus Memorias, escritas en 1910: la casa de don José de Jesús Dávila, espaciosa, elegante y muy sólidamente construida; y la de doña Josefa Anselmi de Carnevali, notable por su nuevo estilo y la azotea, toda hecha con gran primor, dirigida por su cuñado D. Arístide Parilli B. Igualmente la casa donde vivió el coronel Antonio Rangel, prócer de la independencia y otras adyacentes habían sido reedificadas.
Los edificios públicos, eclesiásticos y la Plaza Bolívar lucían casi igual a las intervenciones y reparaciones realizadas  al año siguiente del terremoto de 1894. En 1895 para la celebración de la Apoteosis de Sucre, la Plaza Bolívar deja de ser lugar para funcionamiento del mercado, el mismo es trasladado a un edificio que se venía construyendo desde 1886 en los espacios donde estuvo el Convento de las Clarisas; este edificio fue destruido en la década de 1940 y construido uno nuevo, que funcionó hasta 1987 cuando un incendio lo destruyó. La plaza Bolívar es transformada en una verdadera plaza, como la caraqueña de 1874 .Por decreto del 20 de agosto de 1895, se procede a la “composición y embellecimiento” de la plaza, bajo la dirección del ingeniero Pedro Dávalos y Lissón. Se diseñó un paseo circular alrededor de la fuente y se definieron avenidas internas que van de una esquina a otra y de un costado a otro de la plaza, en correspondencia con los ejes cardinales. El espacio restante, con definidas formas geométricas, consecuencia de la división practicada, se destinó para ser adornado con flores y árboles.3A los pocos años la plaza se encontraba en pleno abandono; para 1912 en la prensa se clama por una verja de hierro para proteger la plaza de los animales que vagan por la ciudad y que sustituya la existente de alambre.4 Para 1916 comenta Mariano Picón Salas en su periódico Labores juveniles, que la plaza se hallaba completamente a oscuras y no contaba con escaños por lo que, exhorta a las autoridades a colocar unos como los instalados en la plaza de Milla y el Llano.
La Catedral que había sufrido gran deterioro a causa del terremoto de 1894, fue reedificada en 1895 y construida nueva fachada, se le agrega la segunda torre en 1907. El Palacio Episcopal, el Seminario, el Museo Diocesano ubicados en la manzana de la Catedral también fueron reedificados durante la primera y segunda década del siglo XX.
La Universidad funcionaba en la vieja casona del antiguo Seminario de Buenaventura de Mérida, durante muchos años fue sometida a varias transformaciones y reparaciones. En 1915 fue inaugurado el Salón de Actos públicos, (hoy Auditorio “César Rengifo”) por el rector Dr. Ramón Parra Picón, construcción que había iniciado dos décadas antes su padre el Rector Dr. Caracciolo Parra y Olmedo.
El gobierno del estado funcionaba en la parte alta del edificio del Cuartel y la cárcel pública, construido entre 1841 – 1847 por los hermanos Juan de Dios y Gabriel Picón González, donde está hoy el Palacio de gobierno. Así mismo, para 1916 existían los monumentos a Sucre, Páez, Miranda, Colón, las Columnas a Bolívar y Páez y en el recinto de la Universidad el monumento al Canónigo Uzcátegui.

Notas y bibliografía
1Mario Briceño-Iragorry. Mérida la hermética. Mérida: Gobernación del Estado Mérida, 1997. p 254
2Tulio Febres Cordero. Clave histórica de Mérida. 2da.edición. Mérida: Universidad de Los Andes, 2005. p 83.
3 Christian Páez de Rivadeneira. La plaza mayor de Mérida. Historia de un tema urbano. Caracas, Academia Nacional de la Historia, 1992. pp 83-84.
4 El Pueblo. Mérida, No 77; (1912, julio 20)


miércoles, 19 de julio de 2017

UN MONO AERONAUTA



Elevación de un globo aerostático en Maracaibo en 1912
Los merideños de finales del siglo XIX ocupaban sus momentos de ocio en entretenimientos tradicionales como las corridas de toros, peleas de gallos, juegos de azar, bailes, fiestas patronales … y a partir de 1877, con la celebración de centenarios de los próceres merideños y nacionales en cuyos programas incluían desfiles, inauguración de obras públicas, discursos de los gobernantes y de los intelectuales consagrados y noveles, corridas de toros, veladas literarias, representaciones teatrales y retretas de las bandas de música existentes para la época,  entre otras diversiones.
Esta Mérida recoleta despertaba de su monotonía con la llegada a la ciudad de compañías o empresas de teatro y variedades, de conciertos que escuchaban con el fonógrafo traído por empresarios viajeros. Así mismo, admiraron por primera vez las imágenes del cine en 1898.
La publicidad de estos eventos eran realizados por medio de carteles u hojas sueltas y al voceo. 
Mariano Picón Salas describe en su libro Viaje al amanecer, cómo el más activo agente de publicidad de la época anunciaba la llegada de estos espectáculos  a la ciudad de la  Sierra:
           Había que ver lo que significaba en nuestra ciudad teológica, por varios meses tan dormida, la corneta del Maestro Pezuela. Y cuando al frente de su banda y seguido de una turba de muchachos que no podían sino ponerse en marcha, contagiados por sus acordes, atravesaba las calles de Mérida, era seguro indicio que se iniciaba un momento de placidez.  “¿Qué pasará, que está tocando Pezuela?”, inquieren las gentes. Y como la musiquita era tan pegajosa, todo el mundo sale a las puertas y descorre las herméticas celosías. Pezuela es el más activo agente de publicidad (…) Como complementando con la elocuencia del colorido las delicias auditivas que su música esparce, la banda de Pezuela distribuye también los programas azules y rosados de los espectáculos. “El programa: deme el programa” exigen los espectadores al jubiloso paso de la banda.
De esos espectáculos que trajeron a Mérida los agentes viajeros que la visitaron, nos llamó la atención un cartel que invitaba a la demostración del ascenso de un globo aerostático1por la compañía de Better Chapman Jup en septiembre de 1890. No tenemos registro de demostraciones anteriores de un globo aerostático en la geografía merideña, por lo cual, podemos inferir que era la primera vez que los merideños admiraron el vuelo de uno de estos aparatos. 
 EL GRAN AERONAUTA, así se titulaba el cartel que anunciaba el espectáculo y que transcribimos por lo curioso del mismo.

        “Better Chapman Jup
Tiene el honor de invitar a los habitantes de esta culta población para una ascensión que hará mañana a las 8 am. En la Plazuela del Llano.
La fama que este intrépido Aeronauta ha adquirido en las principales ciudades de Colombia, Argentina, Quito, Mucutuy, Acequias, Pueblo Nuevo, Mucuchachí, Mucumpate, Caño Amarillo, Pregonero, L a Culebra y otras tantas recorridas que ha dado en el transcurso de quince años, son garantía segura del buen éxito de mi compañía.
El gimnasta y equilibrista Mr Better Jup, ha escogido de su variado repertorio la inimitable suerte: Cuerpo de hierro, denominada “El chorreo por las costillas” la cual tiene la satisfacción de ofrecer al respetable público de esta ciudad como una de sus mejores pruebas. Mucha vista pues, y nada de espabilar.
El desendimiento  se efectuará inmediatamente que fuere quemado el globo, cuya bajada se hará con lentitud, para ofrecer al público nuevas escenas.
Los billetes, en el establecimiento del señor Clemente Lamus …
Desde ahora ofresco traer a los que me han favorecido con su presencia en mi función de gracia, lindísimas vistas de los mundos siderales y algunos retratos de las personas más notables de los habitantes de la Luna.
La compañía excita al joven y entusiasta profesor señor Gil Antonio Gil, para que junto a sus compañeros de armas inicie la partida del gigantesco globo recitando algunas piezas de su lírico repertorio. Se calcula en más de treinta metros la altura de éste.
Nota: La asención se verificará a las 8 am de la mañana por ser la ora más oportuna en que el viento es más suave y que por la tarde puede presentarse además la lluvia y ahogarse o desnucarse el pallaso.
Mérida: setiembre de 1890.
Better Chapman Jup
Director”2
Globo aerostático en Santiago de Chile
Veamos la crónica que escribió Tulio Febres Cordero sobre este particular aeronauta:
          No sólo los hombres dan sus paseítos por la región de las nubes. En la mañana del 5 de octubre se elevó un globo de tela y de regulares dimensiones en la plazuela del Llano, parroquia urbana de Mérida, é iba en él un mono que a mucha altura, pero siempre a la vista, atravesó gran  parte de la ciudad. El globo, al fin fue descendiendo y hubo de caer sobre un árbol en las márgenes del Albarregas, donde se incendió inmediatamente; pero el mono, que iba suspendido por cuerdas de conveniente longitud, tan luego como tocó en el árbol puso pies en polvorosa, salvándose así de la conflagración que se le venía encima. A poco fue conducido en triunfo a la ciudad en medio de una turba de muchachos que le aclamaban héroe de la jornada. El domingo 12 del corriente mes hizo su segunda ascensión, y aunque el globo empezó a incendiarse en el aire, nuestro simio aeronauta vino abajo sin daño alguno.3

Fuente:
1El globo aerostático fue inventado por los hermanos franceses Joseph y Jackes Montgolfier en septiembre de 1782 y realizan su primera demostración pública el 4 de junio de 1783 en un mercado público. En octubre del mismo año lanzan un segundo globo en Versalles con tres pasajeros, un carnero, un pato y un gallo. El 21 de noviembre se realiza el primer ascenso tripulado en el parque de La Muette en las cercanías de Paris. 
La primera constancia del vuelo de un globo aerostático en Venezuela, fue el 20 de enero de 1785, cuando González Torres de Navarra, gobernador y capitán general de la provincia de Venezuela, realizó una exhibición para festejar el cumpleaños del monarca español Carlos III (Fuente: Wikipedia. La enciclopedia libre. Enciclopedia.us.es/index.php/Globo_aerostático)  Las  referencias sobre otras exhibiciones de un globo aerostático  realizadas en Venezuela en el siglo XIX y principios del XX son muy escasas.2 Colección de Hojas Sueltas. Biblioteca Nacional. Biblioteca Febres Cordero. (Transcripción textual) 
3 Un mono aeronauta. El Lápiz. Mérida (Venezuela), octubre 16 de 1890. Vol. II, No. 82.
Imágenes: La aventura del loco Katiel en: sites. google.com/site/pilotosvirtualesvalenciavva
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