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jueves, 29 de marzo de 2018

Harina de plátano Bananina


Ya que los plátanos están de moda por estos tiempos, traemos una hoja suelta que trata justamente sobre tan connotado alimento, integrante infaltable, y a veces único, de cada comida diaria venezolana.
En las primeras décadas del siglo XX desde San Cristóbal se divulgaba en Mérida las propiedades nutricionales y energéticas de la harina de plátanos Bananina, especialmente recomendado para alimentación de los niños en los primeros años de vida.
En la misma se afirma que los “nenes de los climas cálidos y palúdicos a más del alimento materno, están completamente alimentados, y luego desarrollados con multitud de productos extranjeros, CONSERVAS EN LATA PATENTADAS, CON MÁS O MENOS EXAGERADAS propiedades nutritivas, volviendo dolorosa y penosamente costosa la crianza de los niños en los hogares poco o nada acomodados. Y esto sucede porque en estas comarcas absolutamente todos buscamos lo exótico, lo extranjero, y dejamos de usar lo propio y bueno que tenemos”.
Seguidamente presenta la opinión sobre la harina de plátano de dos médicos, un químico, especialista en alimentos y un ingeniero agrónomo. Seguidamente refiere el valor alimenticio del plátano en la opinión de otro personaje.
Finalmente resume en cuatro oraciones los beneficios de la harina: hace la leche más deliciosa dándoles un nuevo sabor; aumenta las propiedades alimenticias y digeribles; devuelve al cuerpo las energías perdidas por el juego, el estudio y el trabajo; y finalmente es muy sano para hombres, mujeres y niños sanos.

Fuente: Biblioteca Nacional-Biblioteca Febres Cordero. Sección Hojas Sueltas, Estado Mérida, Siglo XX.

domingo, 8 de octubre de 2017

Mérida, ciudad de las flores.

Cuatro cosas hay en Mérida que causan admiración, las flores y las muchachas, el agua y el papelón.


La ciudad de Mérida, además de su nombre propio o geográfico, ha sido llamada por diferentes nombres en su devenir histórico de acuerdo a las características muy particulares que la han distinguido en diversas épocas. Así nos encontramos con una pluralidad de nombres, a saber: ciudad de los Caballeros, ciudad de la Sierra Nevada, ciudad de las Cien Lagunas, ciudad del Albarregas, ciudad de Los Naranjos y ciudad de Las Flores.1  También se le ha denominado la ciudad de las Nieves Eternas, la ciudad Turística y Estudiantil, la ciudad Universitaria, la ciudad más limpia de Venezuela, Mérida ciudad de altura, entre otras.
Antes de la transformación urbana de la ciudad de Mérida durante las décadas de 1940 a 1960, predominaban las casonas espaciosas con patios interiores plantados de bellos arbustos y preciosas flores, y en los campos se cultivaban sin esfuerzo y en gran cantidad las azucenas, calas y claveles.

Jardín en la hacienda La Isla de José Ignacio Lares.
Según relata don Tulio Febres Cordero

“En el patio de una sola casa, la del señor don Constantino Valeri, había en 1922 veintiocho clases de rosas distintas en plena florescencia; y en 1923 se le contaron a uno solo de los rosales que embellecían la Plaza Bolívar mil trescientas ochenta y seis flores. La ciudad se ha dado el lujo de levantar en el año de 1895, en la Plaza Bolívar una torre de tres cuerpos y veinticinco pies de altura, toda de flores naturales. Las campanas eran de frailejón amarillo color de bronce. También por aquellos años en que las flores no eran artículos de comercio sino de regalo, se construyó una capilla en la misma plaza, cuyas paredes y techo eran de flores naturales, con la capacidad suficiente para contener al Obispo, al Cabildo y demás clero oficiantes en la ceremonia del Corpus. Entre las flores que más abundan figuran las azucenas, los claveles y los pensamientos. En los lugares más fríos estos últimos bordan las orillas de las acequias como si fueran grama o maleza. Los patios y huertos de nuestras antiguas casas coloniales eran otros tantos jardines” 2

Como una curiosidad de la abundancia y variedad de flores cultivadas en Mérida, encontramos un escrito publicado en el periódico El Lápiz, No 44 del 2 de septiembre de 1887, titulado “Rasgos Eutrapélicos”, en el cual don Tulio hace un inventario de los nombres curiosos y raros de las flores contenidas en un florero o ramillete: “Once angelitos, 17 novios, 4 niñas bonitas, 3 viudas, 7 matrimonios, 6 duendes o brujas, 5 sultanas y 8 monigotes!.
Tres pares de polainas, 4 id de espuelas de galán, media docena de botones de oro, una id de plata, 15 perlas finas, 18 campanillas, 3 cruces de Malta y 17 lágrimas de Cristo!
Ocho centauros, 4 cigarrones, 6 mariposas, 3 pelícanos y 9 conejas.
Aquí viene lo más gordo! 2 bocas de dragón, 11 rabos de alacrán y 43 barbas de gato!
“¿Y esto son flores, lector? Quien tales despropósitos advierta por fuerza ha de exclamar:
                          
                            Qué mucho que nos asombre
                           Del mundo la falsedad,
                           Sí también entre las flores
                           Todo el año es carnaval ¡”

1.- Tulio Febres Cordero. Clave histórica de Mérida. Mérida. 2da edición. Universidad de Los Andes, Vicerrectorado Académico, 2005. P 138.
2.- “La ciudad de los siete nombres”. Obras completas. 2da edición. San Cristóbal. Banco hipotecario de Occidente, 1991. Tomo VIII. P 238 – 240.
Imágenes: Archivo Fotográfico Biblioteca Nacional-Biblioteca Febres Cordero.

sábado, 31 de diciembre de 2016

Los presagios y las “pintas” del año



Al comenzar enero –y ya que la naturaleza les dio un espejo tan limpio, enmarcado en bruñido azul como el de la Sierra Nevada- los merideños observan lo que allí se llama “las pintas del año”. Una vieja superstición supone que tal como entonces abran los días –secos o lluviosos, nublados o alegres de sol- transcurrirán los doce meses. Y para hacer el pronóstico de lo que se puede sembrar, de cómo vendrá la cosecha de café y de frutos menores, todos los merideños son en esos días un poco astrónomos. 

 Así, para predecir el tiempo de todo el año que comienza -nos dice Tulio Febres Cordero- hay las cabañuelas, o sea las pintas y repintas, cuya regla es la siguiente: del primero al 12 de enero, cada día pinta por su orden los meses. 

Del 13 hasta el 24, se repite la misma observación, y éstas son las repintas. Por ejemplo si el 6 de enero llueve, que es pinta de junio, y el dieciocho llueve también, que es día de la repinta, es un hecho o creencia popular que el mes de junio será lluvioso.



Fuente:
Belis Araque (Comp.) Expresiones Navideñas. Mérida: Fundecem, 2010, p. 36
Imágenes:
Google.com/ imágenes



jueves, 29 de diciembre de 2016

Las hallacas y su estadística



Revisando la colección del periódico El Lápiz, fundado por Tulio Febres Cordero el 25 de junio de 1885,  y en el que podemos leer interesantes  y originales escritos sobre variedad de temas: historia, literatura, lenguaje, ciencias, geografía, etc., nos encontramos una curiosidad gastronómica  referida a la elaboración de las hallacas en Mérida.


 
“La ciudad de Mérida, con sus campos, tenía, según el último censo  (de 1881), 2.021 casas. Dando de barato el aumento de habitaciones habido de 1881 para acá (1890), que es muy notable, y suponiendo que solamente en la mitad  de dichas casas se hagan hallacas en la Noche-buena, tendremos que puede fijarse aproximadamente en 30.000 el número de hallacas que Mérida consume anualmente en la noche de Navidad y en los dos primeros días de pascua, puesto que en ninguna casa, por pocos que sean sus moradores, se toman el trabajo de acometer la hechura de las hallacas para hacer menos de treinta ejemplares.

Palacios Nieves. Y así comienza la Navidad, tomado de Meollocriollo.com.



Puestas en fila estas hallacas, darían un cordón del largo de una legua; y para ser trasportadas de un lugar a otro, se necesitarían cien mulas poco más o menos. Si el cocimiento se hubiera efectuado en la plaza pública, nadie puede imaginarse el ruido sordo y espantoso que hubiera producido el hervor simultáneo de más de mil ollas que darían, en formidable concierto, esos roncos y peculiares bramidos que todos conocemos, a tiempo que el humo de los fogones se levantaría como una montaña y el resplandor de las llamas semejaría un lago de fuego!
¡30.000 hallacas! Y hágase cuenta que detrás de cada hallaca se van uno, dos y hasta tres tragos de licor, amén de dos buñuelos y un vaso de chicha! Y que se levantan, por lo menos 1.500 Nacimientos o pesebres¡ y que por cada uno se quema una docena de cohetes, y se rasguea una guitarra con ardoroso entusiasmo!”


Fuentes consultadas:  
Tulio Febres Cordero.  El Lápiz. Datos curiosos, apuntes de cartera, misceláneas. Vol. II, No 75, Mérida, enero 15 de 1890. Edición facsimilar. Mérida: Gobernación del Estado. Sala Tulio Febres Cordero. Universidad de Los Andes, 1985.
Imágenes:
Meollocriollo.com
Google.com/imágenes