viernes, 16 de septiembre de 2016

EL AUTOMÓVIL PRISIONERO


A CIEN AÑOS DE LA LLEGADA DEL PRIMER AUTOMÓVIL A LA CIUDAD DE MÉRIDA

                               La sirena del automóvil ha venido a
 despertar de su ensueño secular a nuestra vieja
Mérida y a decirle la serenata del progreso y la civilización.
Mariano Picón Salas 1     
 

 


                










El primer automóvil fue traído a Mérida a mediados del mes de junio o de julio de 1916 por iniciativa del general Amador Uzcátegui G., Presidente del Estado de 1914 a 1926, superando grandes dificultades impuestas a los viajeros por los intransitables caminos existentes para la época, y el incremento de los gastos de transporte de efectos mercantiles y sobre todo al de bultos de peso y volumen de relativa consideración, como es el caso de los que contenían los primeros automóviles que arribaron a Mérida.
En la Gaceta Universitaria del 31 de julio de 1916 encontramos una descripción sobre el estado en que se encontraban esos caminos:
El camino nacional de la frontera con el Estado Trujillo y con el Táchira , un trayecto de 215 kilómetros próximamente (sic), está sembrado de incomodidades y peligros que diariamente vence a duras penas la necesidad; hacia Trujillo, mal camino de recuas, el Páramo de Timotes, “fantasmas de viajeros”; hacia el Táchira, peor camino, las celebérrimas laderas de San Pablo, amén de otros que aun cuando menos largas, no por esto dejan de llevar el Credo a los labios del transeúnte; hacia Maracaibo, en las vías de Zulia, La Azulita, etc, etc, y los temidos trayectos de “La Culebra”, “Bolero”, el paso del Chama, invadeable sin prácticos, y siempre un grave riesgo; barrizales profundos …2
Ese primer automóvil, y los que llegaron al poco tiempo a la ciudad de Mérida, circularon en un espacio que no excedía de unos cuatro kilómetros, desde la Plaza de Milla, hasta el Pie del Llano Grande, de allí que en la prensa lo denominaran el automóvil prisionero y con la ciudad por cárcel.3
Poco a poco, fue ampliada el área de acción de los automóviles con la construcción de avenidas en la ciudad y de la carretera de Mérida a Lagunillas. Para ello el general Amador Uzcátegui, durante el año 1916,dispuso por Decretos Ejecutivos la construcción de una avenida en el Llano Grande, la cual comprendía una extensión de 5 kilómetros en circunferencia, era un bello paseo público, que además de servir de ornato urbano contribuirá de manera valiosa al mayor auge del servicio de automóviles que he establecido entre nosotros; igualmente la construcción en el Municipio Milla de “un paseo propio para el tráfico de esta clase de vehículos, el cual comprende una extensión de poco más de tres kilómetros y que contribuye eficazmente al mayor solaz de los habitantes de esta capital. 4
Asimismo, siguiendo las políticas del Gobierno Nacional, presidido por el General Juan Vicente Gómez, sobre el gran proyecto de construcción de carreteras en todo el país, el Presidente del Estado Gral. Amador Uzcátegui decretó la construcción de la carretera de Mérida a Lagunillas, que uniría los pueblos del occidente del Estado, Santiago de la Punta (hoy parroquia Juan Rodríguez Suárez), Ejido, La Mesa, San Juan y Lagunillas, de acuerdo al proyecto del  doctor Alfredo Jahn sobre la carretera de Mérida a El Vigía en la vía nacional a Santa Bárbara del Zulia. Los trabajos fueron encomendados al doctor Miguel Febres Cordero.5 También, decreta la construcción del puente sobre  el rio Albarregas y otro sobre la quebrada La Ceibita por ser de urgente necesidad, para poder establecer libremente el tráfico de vehículos  desde Mérida hasta la ciudad de Egido.6   
El 19 de diciembre de 1916, en el marco de los actos oficiales dispuestos para la celebración del “Día de la Rehabilitación Nacional”, se inauguró la primera sección de la Carretera de Mérida a Lagunillas. El presidente del estado Mérida se trasladó en autos a la Glorieta, lugar de recreo en la carretera a Egido, en donde el Secretario General de Gobierno Dr. Julio Sardi a nombre del Ejecutivo declaró inaugurado la primera sección de la Carretera de Mérida a Lagunillas, y la de la avenida que se construye en el Llano Grande en elocuente e importante discurso.  La Banda “5 de julio” interpretó las notas marciales del Himno Nacional. Luego, el Gral Amador Uzcátegui G. en compañía del Illmo. Sr. Obispo Dr.Antonio Ramón Silva, el venerable señor Deán Ignacio Chacón Guerra, el Doctor Julio Sardi, y algunas otras importantes personas se trasladaron en autos por las secciones de la carretera y avenida inaugurada.7
Al año siguiente, el 19 de diciembre de 1917 al ser inaugurado oficialmente  el Puente Gómez sobre el rio Albarregas fue abierta al público la carretera de Mérida a Ejido (aproximadamente unos doce kilómetros). También fue inaugurado el puente construido sobre la Quebrada Negra.
Numerosa concurrencia compuesta de todas las clases sociales y obreras presenció el hermoso desfile de automóviles, entre los cuales acompañando al progresista magistrado de Mérida, a su digno Secretario General de Gobierno y Jefe Civil del Distrito Libertador (…) estaban don Gabriel Parra Picón, don Manuel Franco L., don Pio Nono Picón, don Leopoldo Gelsi y muchos otros.8
En 1918, continúan los trabajos de construcción de la carretera entre los distritos Campo Elías y Sucre, concluida a finales de 1921. Con la carretera de Mérida a Lagunillas, la gran carretera Trasandina, terminada en 1925, y el ramal que conduce a El Vigía ofreciendo rápida comunicación con Santa Bárbara del Zulia, se vino a cumplir el sueño dorado de los merideños de tener una carretera que le brindase pronta y cómoda salida para otros pueblos. El primer auto que partió directamente de Mérida para Caracas, invirtió apenas 30 horas en la marcha. A loma de mula se invertían antes quince y más días.9
¡YA LOS AUTOMÓVILES RUEDAN POR LAS CALLES DE MÉRIDA. ESTO COMO QUE DICE PROGRESO…!



1.- Labores Juveniles.  Mérida, 13 de julio de 1916; No 3.  
2.- Gaceta Universitaria. Mérida: 31 de julio de 1916; Año 7, No 43.  
3.- Idem.  
4.-Mensaje que el presidente constitucional del estado Mérida presenta a la Asamblea Legislativa del estado en su reunión ordinaria de 1917.  Mérida: Imprenta Oficial, 1917.  
5.- Los Andes. Mérida, 1 de sept. de 1916, No 1.  
6.-Mensaje que el presidente constitucional del estado Mérida presenta a la Asamblea Legislativa del estado en su reunión ordinaria de 1917.  Mérida: Imprenta Oficial, 1917.  
7.- Los Andes. Mérida, 1o de enero de 1917, No 13 a 16.  
8.- Los Andes. Mérida, 1o de enero de 1918, No 46 a 50.  
9.- Tulio Febres Cordero. Décadas de la Historia de Mérida. Mérida: Universidad de Los Andes. Biblioteca Nacional, 2005. P 134.
Imágenes: Archivo Fotográfico Biblioteca Febres Cordero/Museo del Transporte.




 


viernes, 9 de septiembre de 2016

EL ECLIPSE DE SOL EN MÉRIDA EL 3 DE FEBRERO DE 1916.



Reacción de los merideños ante el fenómeno astronómico

Don Tulio Febres Cordero, “el memorialista” como lo definen algunos estudiosos de su obra, nos describe su experiencia y la reacción del pueblo merideño ante el eclipse total de sol, ocurrido el 3 de febrero de 1916 (1),  visible en la ciudad de Mérida y en algunos pueblos del estado.
Transcribimos algunos párrafos de la crónica que hace Don Tulio sobre el fenómeno astronómico:
“Momentos antes de eclipsarse por completo, ya el sol apenas despedía por entre la tenue neblina una luz indefinible, distinta de la que vierte moribundo desde el ocaso, en su diaria carrera, nada de arreboles ni celajes, ningún cambiante de hermosa luz crepuscular ni de caprichosos colores: era una luz amarillenta, de cirio funerario, conmovedora y triste, últimos reflejos de un sol agonizante.
En estos momentos próximos a la gran crisis, silenciosamente empezó la alarma. Personas de todas clases, aún aquellas perfectamente instruidas en la materia, dejaron sus oficios unas, y otras abandonaron los corrillos formados en los establecimientos y en la calle, penetradas de lo excepcional del caso y de la honda impresión que causaría, y todos volvían a sus casas, a esperar la plenitud del fenómeno al lado de sus familias. La noche artificial se acercaba en medio de la más viva expectación.
Acaso por efecto de la niebla, sobrevino algo como un súbito resplandor no muy intenso, uno como postrer aliento del Padre de la Luz; y en seguida, las tinieblas cubrieron la tierra. Había llegado el momento más sublime del fenómeno. Brillaron por entre la niebla algunas estrellas; resonaron aquí y allá voces, gritos, exclamaciones de profunda sorpresa, y ruidos confusos de cerrar de puertas y pasos precipitados. Rayos de luz artificial salieron de algunas casas y establecimientos prevenidos contra la oscuridad, a tiempo que en el seno de algunos hogares manos trémulas por la angustia, manos de mujeres sencillas encendían la vela bendita de Candelaria, o rezaban de rodillas la oración de las grandes tribulaciones el popular Trisagio, pues no era poco lo que veían por vez primera en su vida. ¡Apagado el sol en la mitad del cielo!...
Un disco negro encerrado en un anillo de plata muy delgado, era cuanto quedaba a la simple vista del astro esplendente del día. Pero como todo no ha de ser rigor, el amanecer después de esta brevísima noche, fue de gran efecto. Apareció de pronto como un espléndido lucero al lado del cadáver del sol, un foco titilante y hermoso, que alegró el firmamento, derramando a torrentes la blanca luz de las estrellas, luz que fue lentamente tornándose en dorados e intensos reflejos, hasta verse ya distintamente la primera parte del sol libre de sombra.
Era la resurrección del astro muerto, la brillante aurora del nuevo día, que llenó de gozo los corazones e hizo volver el color y la sonrisa a muchos rostros atribulados; y todo mundo se entregó a la gran crónica, que dura y durará por luengos días.
De los pueblos vecinos, han llegado noticias más o menos interesantes. En el Morro, los vecinos se refugiaron en el templo, llenos de espanto. En Mucuchíes, la conmoción general fue tan sensible, que las campanas tocaron a plegaria, a fin de que el pueblo acudiese al templo para tranquilizarlo.…” (2)
El fenómeno fue recogido por el Dr. Luis Ugueto Pérez, ingeniero, astrónomo y director del Observatorio Cajigal, en el libro El eclipse total de sol del 3 de febrero de 1916 en Venezuela y reeditado posteriormente por la biblioteca de la Universidad de Michigan (E:E:U:U) en el mismo año.

 
                           










(1) Las observaciones científicas fueron recogidas por el Dr. Luis Ugueto Pérez, en una publicación del Ministerio de Instrucción Pública y el Observatorio Cajigal, con el título El eclipse total de sol del 3 de febrero de 1916 en Venezuela. Posteriormente este libro de 124 páginas fue digitalizado y reimpreso por la Biblioteca de la Universidad de Michigan (E.E.U.U.), el 01 de junio de 1916.
(2)Tulio Febres Codero. Obras completas. 2da. edición. San Cristóbal: Banco Hipotecario de Occidente, 1991. Tomo VIII., pp 23 – 25. 
Imagenes: Google.com